Las rabietas de los niños.

Cómo actuar ante las rabietas de los niños…

   Las rabietas o los berrinches son comportamientos normales en las primeras fases del desarrollo infantil. Son respuestas que emiten los niños ante determinadas situaciones que les generan ira o frustración. Suelen comenzar a partir del primer año de vida del niño, manifestando su máximo esplendor entre los 2 y los 3 años.

 

 

   Generalmente a partir de los 4 años van descendiendo, tanto en intensidad como en frecuencia, cuando los pequeños aprenden cómo funciona el mundo, su cuerpo, las relaciones con los demás y las normas de convivencia.

   Las rabietas y los berrinches son signos positivos y expresivos de una personalidad en formación. Lo realmente preocupante sería todo lo contrario; es decir un niño que no protesta, no se niega a nada, o acata las ordenes con facilidad.

   Hay muchas causas por las cuales los niños tienen estos comportamientos. Es importante aprender a reconocer el origen de estos berrinches.

 

   Algunas  de las posibles causas de las rabietas:

   La frustración del niño por no poder hacer algo “inmediatamente”.

   Algunos niños descubren que “portándose mal” reciben mucha atención y cuando “son buenos” nadie les hace caso.

   Cuando las normas de comportamiento son poco claras o incoherentes el niño trata de descubrir dónde están los límites.

   También se pueden presentar rabietas en situaciones; tales como su estancia en sitios desconocidos, el hambre, la falta de sueño, sentirse enfermo, cambios importantes en su rutina diaria.

 

   ¿Cómo actuar ante las rabietas?.

   La reiteración en las rabietas, el aumento de ellas y su utilización por parte del niño dependen de las respuestas que obtengan de sus padres; ejemplos de respuestas incorrectas serían si atendemos a su petición en esos momentos de frustración, le compramos lo que nos pide en “para que se calle” o le dejamos los dibujos animados pasada la hora que nosotros habíamos estimado; si nuestras respuestas son incorrectas, estas rabietas se mantendrán en el tiempo, porque le estaremos enseñando que, para conseguir aquello que quieren, el comportamiento adecuado es el de una pataleta.

   En el momento que llega la calma debemos actuar prestándole atención al niño. Nuestro comportamiento como padres será diferente en función de su edad, pero siempre le transmitiremos cómo nos gusta verlo así; tranquilo, usando frases positivas (“qué bueno eres”, “a mamá y a papá nos encanta verte calmado”) y a través de gestos, abrazos, besos y cualquier tipo de comunicación no verbal con la intención de que el niño se sienta querido.

   Por lo general las rabietas; cesan por sí solas conforme los niños maduran en su desarrollo, aumentando el control sobre sí mismos y sobre el mundo que les rodea. De esta manera, sus niveles de frustración disminuyen.

   Si observamos que ésta conducta persiste en el tiempo o se incrementa, es conveniente acudir a un profesional.

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